domingo, 18 de abril de 2021

Vietnam 2018


VIETNAM Y CAMBOYA. AÑO 2018





Salimos de Madrid el 19 de Febrero del 2018 en un avión de la línea "aeroflot rusa" hasta Moscú (5 horas) y, posteriormente en la misma compañía hasta Hanoi (8 horas). El vuelo se realizó sin sobresaltos y si algo hay que destacar es el exceso de comida que nos ofertó la compañía. Durante el trayecto me dio tiempo a leer la novela "La hija de Groc" de T. Alvear.  A Hanoi llegamos a las 9 de la mañana, horario local y nos instalamos en el hotel 'Lakeside Palace'. Y después de almorzar (sopas diferentes, arroz con diferentes fritos) nos fuimos a practicar el placer de callejear por la ciudad. La realidad es que recibimos un fuerte chute de realismo 'asiático-urbano': bullicio y más bullicio y motos y más motos, no podíamos entender como podían convivir en el mismo espacio cientos de peatones con cientos de motos, con algún que otro automóvil que se atrevía a competir con ellos.  En el casco antiguo la higiene de la ciudad dejaba mucho que desear, los restaurantes populares, con exquisitas sopas, hacían la comida en la calle a la vista de todos y los fregaderos eran amplios baldes de plástico ubicados en las aceras y donde realizaban el lavado de las vasijas en cuclillas.  Llamaba la atención lo minúsculo de los banquetes y mesas colocadas en las aceras, que más bien parecían destinadas a la educación infantil que a un restaurante. los platos y los productos estaban todos expuestos: grandes recipientes llenos de arroz cocido que acompañaba al resto de comidas, otro gran recipiente destinado a espaguetis de arroz. con el mismo fin, la carne de pollo, ternera o cerdo desmigados o cortada en minúsculos trozos, acompañadas con diferentes vegetales y salsas donde la soja se dejaba notar. Por la tarde la dedicamos dedicamos un rato a comprar ropa de montaña a excelente precio.



                                  Las motos están en el ADN de los vietnamitas

                                                                 


No hay engaño, la cocina a la vista.
                                          

Las pagodas están abiertas y lo normal es ver a personas rezando


                                                                    Revisando las rutas


El lago 'Hoan Kiem' es el lugar donde se articula toda la ciudad vieja y el espacio natural para conseguir un poco de paz en una de las ciudades más caóticas y bulliciosas de todo el Sudeste asiático. Al atardecer es normal encontrar a grupos de personas de todas las edades haciendo ejercicios físicos orientales, corredores o simplemente paseadores.  Al cruzar el Puente Rojo 'Cau The Huc' se visita el templo Montaña de Jade 'Ngoc Son', es un espacio dedicado a la meditación y a lo espiritual. Merece la pena dedicarlo un tiempo a observar la hermosa puerta de piedra.







La Torre de la Tortuga 'Thap Rua' es una pagoda de piedra construida en 1986 en memoria de un héroe local 'Le Loi' que en el 1425 logró derrotar a los chinos y expulsarlos, dando lugar a una leyenda. Se dice que los derrotó con una espada "que encontró a la orilla del lago, finalizada la batalla surgió de las aguas una tortuga reclamando la espada".  Los vietnamitas están muy orgullosos de su pasado de confrontación con otros pueblos que intentaron invadirlos y siempre consiguieron derrotarlos (chinos, franceses, americanos y camboyeses). Leyendas similares, está plagada la historia de Vietnam. 
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Pagoda de 'Tran Quoc' la más antigua de Vietnam (545) está construido siguiendo las reglas del budismo.




Pagoda del pilar Único 'Chua Mot Cot (1049), el Emperador la mandó construir en agradecimiento al nacimiento de su hijo.
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Barrio colonial al estilo francés 'French Quarter'


Monumento a 'Ho Chi Minh'


A las 20h nos juntamos en el hotel con el guía que contratamos y que nos acompañaría una buena parte del recorrido por Vietnam. Un tipo peculiar, atento, preocupado y puntilloso con su trabajo, al que un chupito de aguardiente de arroz le cambiaba la vida. Conoce nuestro idioma porque realizó parte de sus estudios en Cuba y resultaba curioso escuchar a un asiático con acento cubano.  A través de los días que permanecimos juntos nos contó numerosas anécdotas e historias de los lugares que visitamos e historias de su país. Varias veces tuvimos que oír que el pueblo vietnamita es el más valeroso del planeta ya que echaron de su país a todos los pueblos que intentaron invadirlos (Chinos, Mongoles, franceses, japoneses) y de lo que se sentía más satisfecho fue de echar a los americanos, aunque todos los defectos del mundo se los otorgaba a los chinos y no se fiaba, pensaba que cuando pudieran volverían a intentarlo.  Se nos manifestó como ateo pero se entusiasma cada vez que nos encontramos con una pagoda. No estaba muy convencido del Estado comunista.                                                               
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El viaje hasta 'Sapa' en concreto hasta 'Tha Pin' lo realizamos en tren. Ocupamos una litera para los cuatro, eran cómodas y limpias, el traslado hasta Sapa lo hicimos en coche por sinuosas carreteras llenas de bancales de arroz.


Sapa está ubicada al NO de Vietnam y es la capital de una comarca montañosa donde la agricultura, especialmente el arroz, es el centro de su economía. Actualmente el turismo ha tomado mucha relevancia y ha conseguido mejorar el nivel de vida de los lugareños. Es un turismo de senderismo y fotográfico y de dejarse sorprender por los paisajes y, sobre todo, por las diferentes etnias.



Nos llamó la atención en Sapa, la cantidad de niños y mujeres de diferentes etnias, vestidas unas de negro y otras con vestidos y tocados llenos de coloridos que pululaban por todas partes con el fin de venderte sus productos artesanos y lo hacían sin molestar. 


                                       El mercado 'Bac Ha' donde se puede comprar de todo


Al siguiente día realizamos una marcha por las terrazas de los arrozales, presidida por nuestro guía. La marcha resultó muy agradable, pero también decepcionante ya que los bancales no estaban con la presencia de las plantas del arroz, hecho que ocurre en Agosto.


Terrazas preparadas para plantar los arrozales, rodeando la aldea 'Ta Van'


Valle 'Muong Hon'.   El búfalo animal utilizado en los arrozales


Durante todo el recorrido nos acompañaron cuatro mujeres que nos señalaban lo que nuestra vista no podía perder. Al final del recorrido y en sus casas nos enseñaron los productos textiles que confeccionaban de forma artesana, y como no, acabamos comprando.
                                   

                                                          Entre los bancales de los arrozales


Puente 'Cau May'.  El paseo por la tarde lo realizamos por Sapa alrededor de su lago. Y para comprobar que los trajes de las diferentes etnias no eran producto del turismo, recorrimos varias aldeas e incluso asistimos a la fiesta del "perro" de una comunidad y pudimos comprobar que utilizaban las indumentarias típicas de forma usual.




En Sapa conviven tres etnias diferentes: La Hmong,  La Dao y La Kinh


Una escuela rural.

La educación es obligatoria y gratuita desde los 6 a los 18 años, la Universidad no es totalmente gratuita, los alojamientos, los desplazamiento y la manutención hay que pagarlos, aunque existe también las becas.  Los edificios de la escuela primaria y secundaria son numerosos y están extendidos por todo el territorio vietnamita. Son de color amarillo, generalmente de dos o tres plantas y con patios extensos.  La jornada de los profesores empieza a las 8h y finaliza a las 17h, con hora y media para comer, generalmente de 12h a 13h 30m, cabe reseñar que no toda la jornada es de carácter lectivo.
La profesión docente no está reconocida como lo demuestra las retribuciones que reciben que son inferiores a la media, en esos momentos los sindicatos estaban exigiendo un aumento de las retribuciones. Las profesiones más valoradas, según la nota de corte, son: las politécnicas, medicina, economía y comercio exterior y entre las menos valoradas es la educación, no necesita nota de corte.

                       



El viaje de vuelta a Hanoi lo hicimos en un micro-autobús, tardamos cinco horas y nos instalamos en el mismo hotel del primer día.   La entrada a la ciudad la realizamos por unas amplias avenidas, repletas de tiendas de marcas de calidad, lo que asemejaba Hanoi a cualquier ciudad occidental.  Por la noche nos fuimos a cenar por el casco viejo de la ciudad. Tanto la entrada a la ciudad como la cena produjo una sensación diferente a la llegada a Hanoi desde el aeropuerto.

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Un coche de 8 plazas nos recogió en el hotel y nos trasladó, con nuestro inseparable guía, a Ninh Binh. El recorrido de 100 Km lo realizamos en cuatro horas atravesando inmensos campos de arroz plagados de grandes sombreros cónicos que resguardan del sol o de la lluvia a los agricultores que que doblados sobre sus riñones estaban afaenados en plantar el arroz.  Ninh Binh, es una ciudad pequeña, nos instalamos en un confortable hotel "Hidden Chorm" de 4 estrellas, la habitación y el desayuno, excelente.  Una vez instalados cogimos unas bicicletas del hotel y nos desplazamos 8 Km a una hermosa pagoda 'Bich Dong' construida a las faldas de una montaña en tres estructuras diferentes.


Durante el camino pudimos apreciar la plantación de arroz. Generalmente es un trabajo destinado a las mujeres que hunden sus piernas hasta las rodillas para plantar cada planta, una a una.








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A la vuelta el guía nos tenía buscado un restaurante (arroz hervido en abundancia, rollitos vegetales, minúsculas albóndigas de cabra y por supuesto el pollo con vegetales y para terminar de postre sandía).  A las 15h cogimos unas barcas conducidas por mujeres que remaban con los pies. El paseo de una hora de duración fue para no olvidar, el río transcurría rodeado por amplias plantaciones de arroz que iban estrechándose hasta que el valle se veía franqueado por grandes peñas y rocas de caliza, similares a la bahía de Haalong, e incluso las barcas pasaban por cuevas oscuras donde a la salida te volvían a sorprender las grandes peñas de caliza.

                                                                       

 

                                                                                   
paseando en barca
                                                                




Ya en el pueblo dimos un paseo por las afueras acompañados de Wain por unos paisajes similares a los del paseo en barca pero nos sirvió para llenarnos de ese ambiente casi místico que nos ofrecía el paisaje, y a la vez, seguir hablando con el guía y comprender ciertas costumbres. Nos encontramos con un cementerio budista, resultan curiosos estas pequeñas edificaciones que están extendidas por todos los campos de arroz en lo que parece que los entierros, al menos en las zonas rurales, se realizan en las propiedades de las familias. Están abiertos, sin muros, son simples edificaciones donde colocan lo que podría ser un altar.

Durante el recorrido Wain nos comentó que la sanidad en Vietnam no cubre el 100% del gasto médico y que los seguros cubren en torno a un 80% el resto lo tiene que abonar la familia. Wain con cierta sorna siempre deja caer alguna crítica a los políticos sobre todo en la corrupción. En este caso nos comentó "resulta dificil de entender que en un país socialistas no estén cubiertos en su totalidad los gastos médicos.




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A las 9 de la mañana del día 25 de Febrero nos estaban esperando frente al hotel el conductor "Wain" con una furgoneta de ocho plazas con destino a la "Bahía de Halong", el objetivo es coger un barcos para visitar parte de los 1.600 islotes que componen la bahía. Según la tradición un inmenso dragón descendió al mar y golpeando su cola fue formando los islotes. Durante el viaje nos llovió, En la autopista circulaban motos, inmensos camiones de fabricación china y, por supuesto, el paisaje era en exclusiva de arrozales donde se veían intermitentemente los grandes sombreros de las mujeres que enterradas hasta la rodilla en el barro iban plantando el arroz.  Una vez que dejamos la autopista cogimos una carretera flanqueada por una hilera de casa a ambos lados, casas estrechas con fachadas más o menos vistosas y de vez en cuando, intercaladas entre ellas, impresionantes palacios que según nuestro guía Wain pertenecían a personas que habían conseguido hacer mucho dinero, con una risa irónica decía ¿cómo lo han hecho?, eso no se sabe.  Por supuesto, como buen guía, nos paró en una tienda de perlas. Resultó curioso observar como conseguían la perla de las ostras:  abrían el bivalvo con una tenezas, le hacían una endidura, allí depositan bacterias para que no se infecten junto a un trozo de nácar que será la base de la perla, la cierran y a esperar a que haya suerte.


 


LLegamos a Halong y fuimos directamente al puerto para embarcarnos en el "Swan" y ocupar uno de los once camarotes que tenía el barco. Desde el comedor del barco vimos un espectáculo impresionante. El día estaba brumoso, un día de lo que denominamos gris, pero a la vez muy cálido.  Los islotes se dejaban ver entre las nieblas con un haz de misterio i de irrealidad. 
Junto al "Machu Pichu" peruano esta bahía es lo más impresionante que ví.  Por la tarde y en parejas, fuimos en kajaks remando entre algunos islotes. La experiencia fue inolvidable. Al esfuerzo físico hay que añadir una visión fantasmagórica con el mar en calma y, personalmente, un sentirse bien en ese lugar, estar con la persona querida, con amigos y en este bello lugar, no se puede pedir más.














                                                               




 







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El día 27 de Febrero a las 9 horas nos estaba esperando en la puerta del hotel, el conductor de la "asiática" para transportarnos a la ciudad de Hue. Por el camino de los arrozales predominaban en el paisaje hasta llegar a un puerto de montaña donde la humedad y la niebla nos impedía ver un paisaje distinto. Antes habíamos parado en paraje donde predominaba el mármol. En lo alto de uno de ellos se encontraba una interesante pagoda, con bellas zonas ajardinadas, numerosas cuevas en especial una que asemejaba a un templo budista con un intenso olor a incienso y plagada de budas de distintos tamaños. Desde lo alto de la colina se podía apreciar vistas panorámicas que abarcaban hasta el mar y construcciones orientadas al turismo. Seguimos el trayecto dejando atrás los arrozales para empezar a subir un pequeño puerto. Las vacas campan por la carretera, que unidas a las motos, la convierten en una ruta peligrosa de conducir. En la cima se puede apreciar numerosos bunquers defensivos mirando hacia la costa.  Continuamos el camino y descendiendo el puerto llegamos a un inmenso lago de agua dulce (no muy limpio) repleto de redes y de ruedas de coche colocadas en fila en estacas clavadas en fila. En ellas se crían una especie de ostras de agua dulce muy apreciadas en la zona. Y después de tres horas de viaje, por fin, llegamos a Hue. La primera impresión (y la segunda y la tercera) es que es una ciudad caótica. E n la cuarta impresión podemos apreciar una zona interesante llena de vida alrededor de bares y restaurantes. Contratamos al día siguiente un viaje a la cueva "el paraíso" y cenamos en la habitación frutos secos y galletas con chocolate.






El hotel "Romance" de Hue es cómodo y las habitaciones occidentalizadas y pensadas para el turismo, o sea, para nosotros. A las 7 h de la mañana nos recogió a las puertas del hotel un microbús que puso la dirección hacia "el Paraíso". Durante el trayecto, más de lo mismo, circulación caótica, arrozales, muchas vacas y casas y más casas alrededor de la carretera, Y por supuesto la bandera roja con la estrella de cinco puntas presidiendo las estrechas fachadas de las casas,  A las 4 h de viaje paramos en una tienda pensada en el turismo con un restaurante, La comida no estaba mal era variada y abundante, yo me lancé por una col hervida como base del plato con trozos de cerdo en algo parecido al adobo y tortilla. Después de comer continuamos el viaje 30m más hasta la base de la cueva. Como cosa curiosa remarco que por los pueblos que pasamos tenían todos Iglesia católica y la bandera que predominaba era la del vaticano  Bueno, la cueva no estaba mal pero no merecía la pena estar todo el día en el autobús para verla, llegamos agotados al hotel.



                                 
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Visitando Hue, Da Nang y Hai An























                              
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El uno de marzo cogimos el vuelo hacia Saigón y después de una hora y cuarto de vuelo nos desplazamos a un hotel céntrico (Lesington), más bien discreto, y por lo que pudimos apreciar éramos los únicos extranjeros que pernoctábamos allí. Al día siguiente salimos a las 9h del hotel para trasladarnos andando al museo de la guerra (Vietnam-EEUU). El museo en sí no era gran cosa: material bélico sustraído a los americanos que ocupaba el espacio exterior y un compendio fotográfico ubicado en las tres plantas complementado con proclamas y reconocimientos enviados por países comunistas de todo el mundo, especialmente del gobierno cubano.  El objetivo es sensibilizar sobre los errores de la guerra, y la realidad es que consiguen sensibilizarnos y comprender los sacrificios y los desastres por lo que tuvieron que pasar. Las fotos de las consecuencias de las bombas químicas utilizadas por los americanos para arrasar los campos agrícolas y dejar mutiladas a muchas personas consiguen empatizar con este pueblo.  Lo que más me impactó fue la imagen de las caras de sufrimiento de madres con sus hijos escondiéndose o huyendo de los horrores de la guerra. Sobresalen la famoso foto de la niña  desnuda, huyendo de las bombas de napalm.
Los americanos se trasladaron a Vietnam en el año 1945 con la idea de ayudar al ejército del sur en su lucha con los comunistas del norte, liderados por Ho Chi Min y lo hicieron con un ejército de 30.000 soldados.  Cuando eran conscientes de que todo el Vietnam cayese en manos de los comunistas, o bien se dividiese como sucedió en Cores, enviaron 300.000 soldados con la idea de finalizar por la vía rápida el conflicto. Pero ahí se encontraron con la mayoría de la población movilizada, con un líder potente y con las ideas muy claras y con un método como era las guerrillas que logró mermar la moral del ejército invasor. Después nos encontramos con un líder que supo unir a todo el país en un proyecto común, pero también utilizando la represión, como reconoció años más tarde el propio Ho Chi Min.






Desde Saigón salimos con destino a las cuevas de "Cu Chi" situadas a unos 80 Km de la ciudad. Las cuevas muestran la capacidad de resistencia y de la estrategia militar desde el punto de vista de la guerrilla. Este sistema de utilizar estrechos pasillos con cámaras para esconderse ya lo habían utilizado los vietnamitas para expulsar a los franceses, por tanto ya existían, lo que hicieron fue ampliarlas y construyeron varios pasillos para despistar que acababan en trampas mortales. El sistema resultaba interesante y explica las causas del porqué expulsaron a los americanos, además los parajes eran idílicos.  Las cuevas resultan interesantes, muestran la capacidad de resistencia y la estrategia militar de la guerrilla.
Este sistema lo habían utilizado en el siglo XIX para expulsar a los franceses. La red inicial ya existía, la ampliaron perforando a tres niveles  diferentes comunicándolos entre sí por un pasillo de 80 cm de altura.. Tenía varias vías de despiste que acababan en un trampa mortal, las diferentes vías podían sellarse si eran descubiertas. Tenían canales de ventilación y salidas camufladas con numerosas trampas mortales al alrededor de ella. 










                                           
Por la mañana nos trasladamos a Ben Tre, una provincia compuesta por varias islas en el inmenso Delta del Mekong.  El coche nos acercó a una curiosa cerámica de ladrillo, muy artesanal, para cocer utilizan cáscara de arroz.  Desde allí junto al guía cubano José cogimos una barca con el motor fuera borda y nos desplazamos por una de las arterias 
Después de comer dimos un paseo con una barca de remos, donde pudimos apreciar la singularidad y la belleza de este lugar del río Mekong.  Navegábamos junto a rudimentarios pescadores que iban revisando sus trampas y redes.  Paramos media hora en un centro de trabajo que usaban exclusivamente el coco como base de sus productos de artesanía.  Pili se compró una crema para el reuma cuya base era el veneno de una serpiente ... no sé yo.
Seguimos río abajo y desembarcamos en un lugar idílico, paseamos entre frutales tropicales, casas de una sola planta de madera, sin embargo y según la versión de José, de vez en cuando se veían casas de la misma hechura que las anteriores pero construidas de cemento que el gobierno entregaba por la extrema pobreza de algunas familias.  En muchas de ellas vendían productos de la huerta y artesanales. En una de ellas vimos a tres generaciones de mujeres trabajando en los telares.
El restaurante volvía a ser un lugar de ensueño, tenemos que reconocer que fue un acierto contratar a la "agencia asiática".  Además de los de los complementos de siempre (verduras, arroz, diferentes salsas) el plato principal era un pescado del río Mekong, su aspecto no tenía nada que ver con su agradable sabor, el nombre ... impronunciable.   Eso sí, el río Mekong no podemos decir que estuviera limpio.  

                                              















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Por la noche dimos un paseo por Can Tho siguiendo un largo paseo a lo largo del río.  Paseo bien cuidado y muy largo.  Cenamos en un restaurante francés, recomendado por el guía, y como no podía ser de otra forma, pescado del río Me Kong.  













A las 7 horas de la mañana el guía nos recogió en el hotel para visitar otro gran espectáculo: "el mercado del delta del río Me Kong, por supuesto un mercado flotante. Pudimos apreciar desde nuestra barca, la inmensidad de barcos cargados de pescado, fruta y sobre todo arroz y especies ... dispuestos a vender a las pequeñas barcas que se le aproximaban.  Nos enteramos por el guía que solían venderle a los minoristas que a su vez se los vendían a los numerosos puestos de los mercados de los pueblos y ciudades.










En esta zona y cerca de Can Tho, está un lugar paradisiaco, es el bosque de Chau Doc. Con una barca de remos nos introdujimos en un lugar inagualable con numerosos canales llenos de plantas con la flor de loto, una especie de musgo que se va retirando al paso de la barca y rodeado de una vegetación espesa y tropical en donde anidan una inmensidad de aves, sobre todo grullas.










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Finaliza el viaje a Vietnam y empezamos una nueva aventura por las tierras de Camboya.  Lo primero que vamos a apreciar son unas profundas diferencias en lo social.  En Vietnam las tierras son del estado que las ceden a las familias para trabajar el campo y así podemos observar a las familias trabajando en los campos de arroz, en Camboya vemos muchas tierras sin cultivar y grandes camiones por las carreteras llenas de trabajadores y dirigidos a las grandes extensiones de arrozales propiedad de una sola persona,  vemos como en las ciudades a viejos europeos acompañados de niñas en las terrazas de los bares y vemos una esplendorosa monarquía al que el pueblo parece apoyar, quizás para olvidarse de la época de terror que los "Jemers rojos" impusieron en todo el país. Por lo demás apreciamos la misma amabilidad en las personas, las mismas comidas, los mismos templos en las ciudades y pueblos y un paisaje parecido.

El domingo 4 de Marzo, una lancha rápida sale de Chau Doc a las 7h 30m para subir por el río Me Kong, trasladar la frontera con Camboya, y después de un registro a la vieja usanza, llegar después de tres horas a Phom Phen, capital de Camboya.
El recorrido resulta bastante monótono, ya que navegábamos por el centro del ancho río y la vida, que está en las orillas, pasa desapercibida.  No obstante se aprecian las grandes barcas con cargamento de arena o mineral y podemos ver pequeñas barcas de pescadores y poco más. 
Aproximadamente a mitad de recorrido la barca se detiene en un puesto de la policía vietnamita y más  tarde en otro de la policía camboyana. 
 









La entrada a la capital Phom Phen por el río contrasta con las ciudades vietnamitas.  Los altos edificios de construcción moderna se intercambian con los pequeños edificios de tradición popular produciendo una sensación contradictoria pero que muy bien podría definir al país, la tradición se resiste a desaparecer. el puerto está flanqueado por un edificio digno, eso sí, con una dura rampa de subida que hay que hacer con las maletas, y eso sí, plagada de conductores de "toc toc" que reclaman sus servicios.  No se ven taxis y no hay otro remedio que contratarlos por unos 8 dólares. Nos metimos los cuatro con todo el equipaje en uno de ellos. El viaje hasta el hotel (King Grand Boutique Hotel) transcurre por una elegante avenida.  A ambos lados está plagada de edificios y palacios predominando la arquitectura tradicional.  En la actualidad estos edificios los emplea la monarquía con carácter administrativo e institucional.  El hotel, similar a los vietnamitas, es de cuatro estrellas y excelente.
Nos instalamos en el hotel, nos refrescamos, y nos disposimos a visitar la "ciudad imperial", después de pagar 8 dólares.  Hay que entrar correctamente, o sea, lo que ellos consideran vestimentas correctos y no siempre coincide con ellos el concepto correcto, pero es lo que hay, entras o no entras. El recinto está lleno de monjes budistas que le dan al conjunto arquitectónico un aire de religiosidad.  La ciudad consiste en un edificio principal que es una de la residencia del monarca y no dejan visitar, varias pagodas y varios edificios colaterales desperdigados por un recinto ajardinado.  Merece la pena la visita, eso sí, sin prisa, pasear e imprignarse de esa cultura oriental y budista.


















Por la tarde salimos a dar un paseo alejado del centro y, es aquí, donde apreciamos las diferencias reales con Vietnam. Es la primera vez que sentimos inseguridad al pasear por la cercanía de los mercados, esas caras, esas miradas, eran inquietantes.  Otra de las grandes diferencias era la prostitución en la calle.  Nada más que nos alejamos de la parte noble de la ciudad, vimos en las terrazas a jóvenes que nos invitaban a que las invitásemos, lo preocupante es que muchas de ellas, unas niñas, se encontraban acompañadas de un viejo occidental.
El día 6 de marzo lo dedicamos a visitar el museo arqueológico, ubicado en un interesante edificio oriental y con un "claustro" en su interior con delicadas flores y plantas. El museo contempla una interesante muestra de escultura y bajos-relieves de la cultura "Jemer".  No hay nada escrito en español, salvo tres paneles escritos en francés donde cuenta la historia del budismo.  Según los textos el budismo no dio el paso hacia la deidad como si lo hicieron el cristianismo y el islamismo,  Buda era un príncipe que canalizó a través de la meditación los numerosos dioses que la naturaleza nos presenta.

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A las 15 h nos trasladamos en un microbús a Sihaknouville.  El viaje da para escribir una novela.  La salida de la capital, el considerarla caótica se queda corta, una masa compacta de motos, coches, motocarros, camiones, autobuses y, lo más curioso, gente cruzando continuamente por medio de este caos. Era como una masa uniforme que se movía mansamente, a esto hay que añadir una nube permanente de polvo que dificultaba la visión e incluso la respiración.  Cuando empezábamos a ver la carretera, primera parada, tiendas, artesanía, fruta, restaurantes ... lo de siempre.  Algunos viajeros compraron pequeñas barras de pan que fueron degustando durante el trayecto.  Reanudamos la marcha, y lo normal, correr para recuperar el tiempo perdido, pasar por huecos inverosímiles y adelantar uno tras otro a motocarros y motos.
Desde la ventanilla también percibimos un país muy diferente a Vietnam.  veíamos camiones y a mulas mecánicas cargados con jóvenes, lo que parecían braceros que regresaban de trabajar del campo del terrateniente.  En Vietnam el campo labrado era todo el territorio que alcanzaba ver la vista y era un vergel cuidado por toda la familia, por información del guía nos informó que estaban organizados en cooperativas.  Otra de las diferencias con Vietnam era la cantidad de vacas sueltas y libres paciendo por el campo o por los márgenes, que no arcenes, de la carretera, el cruce de un lado a otro de la carretera era continuo, cada vez que eso se producía, el corazón se encogía, no obstante, al conductor no parecía preocuparle mucho y con sus quiebros seguía la marcha hasta otro percance similar.  De nuevo otra parada.  Esta vez el restaurante parecía más decente aunque el menú era el consabido plato de sopa con chiquen o beef..  Reanudamos la marcha con lluvia, todo era igual que antes, pero mucho más peligroso.  Y aunque parezca extraño, a las 20h, hora prevista de la llegada, estábamos entrando en lo que parecía, o mejor dicho, quería ser una pequeña ciudad destartalada: Shaknouville.  Nos dejó el autobús y cogimos los Toc-Toc que nos desplazaron al hotel "Miiya", el toc-toc iba alternando calles asfaltadas con calles de tierra llenas de baches, bueno mejor dicho, de profundos socavones.  Las calles cercanas al hotel estaban repletas de casinos  y más hoteles. Nos enteramos por el conductor del toc-toc que los chinos estaban invirtiendo fuerte en hoteles y casinos.  Lo que hace el comunismo del siglo XXI, en fin.  El hotel como de costumbre era muy confortable con una piscina interior muy agradable.

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El día 7 de Marzo sobre las 11h de la mañana nos desplazamos en barco (88 dólares los cuatro) lacia la isla Koh Rong Sanloen.
Nos lo había aconsejado nuestra hija Laura y no se equivocó, como nos conoce.  Si se viene a esta parte del mundo, no se puede dejar de pasar unos días en una de estas islas.  La isla es un bosque tropical que llega hasta el mismo límite de las playas.  La arena era tan blanca como la nieve (imprescindibles gafas de sol en las horas de sol) y el agua cristalina produciéndose al atardecer un color, entre verdoso y azul, por unos microrganismos del agua.  Las únicas construcciones son las cabañas de madera que se extiende a través de la línea de la playa y que pertenecen a varios hoteles, cada restaurante (bar, pab) es un hotel que gestiona varias cabañas.  El nuestro se llamaba "Long" y estaba a unos 800m metros del embarcadero en donde nos dejó el barco.  Después de tantos días de ajetreo, viajes y nuevas sensaciones, el baño fue reparador.  Por la tarde y orientados por un joven catalán que trabajaba en uno de los restaurantes realizamos una marcha por por el interior del bosque. No vimos ni los monos agresivo ni las serpientes venenosas que nos informaban al iniciar el sendero, nos aconsejaban que si nos picaba alguna, le hiciésemos una foto para que el médico nos diese el antiveneno correcto.  El sendero atravesaba la isla y llegamos a otra playa con un embarcadero de madera, llegamos a la hora del atardecer ... no sé que palabra utilizar para definir tales parajes.















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De regreso, ya atardeciendo, nos dimos un baño y cenamos una parrilla de pescados en una mesa ubicada a la orilla del mar. La cabaña era confortable, bueno, contribuía a ello un ventilador que permaneció encendido toda la noche.  Me levanté a las siete de la mañana para dar un largo paseo por la playa que terminó en un reconfortante y refrescante baño.
En el desayuno el joven catalán nos comentó que se ubicó en este lugar después de viajar por estos lugares y, sobre todo, porque los empleos que le ofertaban en España eran en precario y no podía independizarse de su familia y que, además, le resultaba insufrible la división de la sociedad catalana con el tema de la independencia que consiguió enfrentar a familias y amigos.
El senderismo se inicia con un cartel, que la verdad no anima mucho a continuar.  El cartel avisa de que hay muchas serpientes y que si nos muerde alguna recordemos el color, el tamaño y la forma de la cabeza, eso ayudaría al médico a elegir el antiveneno. También nos comunica que cuidemos de los monos que nos encontremos ya que no eran muy amistosos.  El sendero cruza la isla y tiene una subida empedrada bastante exigente. Resultó ser más cansado que el día anterior, pero también sin ninguna dificultad.  Llegamos a un resort de cabañas rodeando una playa, en la cual disfrutamos del baño, eso sí, después de un excelente zumo donde predominaba el limón.  Al regreso nos desplazamos para ver una pequeña cascada y un estanque de agua dulce muy, muy fresca que disfrutamos para relajarnos de la andada. Comimos frutos secos con un extraordinario zumo de mango, nos despedimos del joven catalán y nos fuimos al embarcadero para regresar al continente.
El barco nos dejó en otro embarcadero de lo habíamos previsto, ¿el motivo?, ni lo supimos ni nos lo explicaron, la realidad es que tuvimos que coger un nuevo tok-tok para recoger las maletas del hotel y, así, desplazarnos al aeropuerto. Por cierto, el tok-tok se para por falta de gasolina, el conductor nos trata de tranquilizarnos con gestos, silba y grita y no sé de donde aparece otro tok-tok y en diez minutos regresa con dos litros de gasolina.
El viaje en avión a la ciudad de Siem Reap se realizó sin novedad.  El taxi del hotel no apareció, como era habitual, así que contratamos otro.  El centro de la ciudad estaba plagado de hoteles de alto standing , es una ciudad pensada para el turismo que se aleja de la pobreza que vimos a lo largo del país. De nuevo, el hotel en que nos alojamos nos lo recomendó Laura y de nuevo acertó. No estaba en el mismo centro pero la estancia resultaba muy agradable y era un buen lugar para descansar y relajarse del ajetreo del día.  Tenía dos plantas en círculo que rodeaban a una piscina franqueada por una expléndida vegetación tropical.
Por la mañana nos vimos montados en un tok-tok camino de los templos de Angkor. El conductor era un verdadero guía por lo que lo contratamos para los tres días de estancia en Siem Reap.  Los templos abarcan una extensa estancia de zona de bosque con inmensos árboles la mayoría desconocidos para nosotros.  Estos templos fueron construidos desde el siglo IX hasta el siglo XVI, después se abandonaron y fueron engullidos por la naturaleza y con el tiempo olvidados.  El lugar es tan impresionante como el Machu Pichu peruano y las dos construcciones tuvieron una historia similar ya que en el siglo XIX, al igual que el Machu Picho, un viajero, conociendo de su existencia por los vecinos, los redescubrió a finales del siglo XIX.  En tiempos de los "Jermes" su influencia y poderío era tal a partir del siglo IX que esta zona llegó a tener en torno a un millón de habitantes.  Los reyes Jérmenes competían entre ellos por construir los palacios más grandes y elegantes, de ahí la cantidad de palacios que hoy en día nos asombran al verlos.  De estructura son todos similares, utilizan el sillar de grandes bloques, el dintel y la bóveda de medio cañón, están plagados de esculturas de bajorelieve que representan las batallas, pero también la vida cotidiana.  Algunas de ellas son inmensas construcciones construidas de forma similar a las pirámides de Egipto.  A lo largo de los puentes de entrada frente a la puerta principal nos encontramos con grandes esculturas de cobras y de soldados que, a buen seguro, atemorizaban al pueblo que entraba al recinto de los templos.
La belleza es inmensa, todos los rincones sugerentes, las esculturas alternan entre la delicadeza de las bailarinas a la ferocidad de los guerreros, pero el calor húmedo también es intenso y sin pausa alguna.
Por la noche fuimos a un restaurante espectáculo (12 euros) que consistía en un catering de comida oriental y un espectáculo de bailes tradicionales.  Un grupo de bailarinas nos trasladó a los bajorrelieves de los templos y con suaves y estudiados movimientos nos imbuyeron en las esencias de la cultura oriental, solo por esto merecía la pena.  Eso sí, en el restaurante solo estábamos turistas, Antonio se enfadó mucho por la comida y en espectáculo.
El día 11 de Marzo el conductor del Tok-Tok nos trasladó hasta un embarcadero para embarcar en una barca y desplazarnos por un río hasta una especie de pantano inmenso que a su vez alimenta de agua al río MeKong.  El desplazamiento resultó muy significativo, pues pudimos observar la vida cotidiana de Camboya, suciedad, construcciones míseras, la vida en la calle ... El objetivo del viaje era visitar un poblado de pescadores flotante.  Estos pescadores y su familia se ubicaron en barcazas desde que en el año 1985 los vienamitas abandonaron el país.  Pudimos observar nos sólo las barcazas donde vivían familias, sino barcazas que eran iglesias, escuelas, consultas médicas, e incluso al lado de loas barcazas estaban pequeñas barcas con plantas, simulando jardines e incluso huertos.
El mismo día 11 por la noche el conductos del tok-tok nos llevó al aeropuerto, de allí volamos a una ciudad china, luego a Amsterdam y de allí a Madrid que llegamos a las 10h del día 12 de Marza finalizando así nuestro inolvidable viaje.



                                                


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                                                             Templos de Angkor







































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Poblado de pescadores flotantes río Mekong